Levantarse de la cama, ver que todo era un sueño. No ha vuelto, sus cosas siguen sin aparecer, su olor se desvanece poco a poco. Nada, ni rastro de su presencia en casa. Mirar el contestador y ver que no ha llamado, ni si quiera ha dejado una nota, solo un post-it pegado en el espejo, al lado de ese collar que le regalé. "Lo siento, no se que hacer, no prometo volver". Las lágrimas empiezan a caer, te dices que debe de ser un sueño, una pesadilla más bien, pero no, sabes de sobra que no volverá.
Después de la ducha toca desayunar, se ha acabado la leche, se te quita el hambre y decides salir a la terraza, con vistas al mar. Es increíble como las cosas cambian, era la casa perfecta, la vida perfecta y ya no queda nada de eso. Te ves, reflejado en el cristal, "ánimo, eres joven" piensas, pero en realidad solo quieres gritar.