jueves, 23 de agosto de 2012
"El libro sin nombre", capítulo 8.
No puede seguir escribiendo, se está volviendo loca, necesita gritarle al mundo. Llora, llora de impotencia, no sabe lo que él siente, es todo muy extraño, pero le quiere, si, realmente le quiere. Se pone los cascos, todas las canciones le hacen pensar en él, su nombre ronda por su cabeza. Borja. No quería verlo, pero tampoco podía evitarlo.
Han pasado unos meses después de todo lo ocurrido, después de aquella tarde con Lisa, no sabe si ha hecho bien, pero no ha conseguido contarle nada a nadie, solo a David, pero porque él sabe que de momento, no podrá contarlo. Revuelve toda su habitación, busca sin parar la nota que le había dejado Lisa en el buzón:
"Susanne, se que lo de tu hermano ha sido culpa mía, no tendría que haberme encaprichado con él, pero muchísimas cosas no deberían de haber sucedido. Me voy Su, me voy lejos, al lugar donde realmente pertenezco. Por favor, cuando David se despierte dile que le echaré de menos, pero que esto es realmente lo que se merece y si, estoy segura de que despertará, uno de los médicos es amigo y me ha dicho que va progresando.
No me busquéis, habré desaparecido cuando hayas leído esto, porque en realidad, tampoco me llamo Lisa, no puedo decirte más Su, hasta siempre."
Siempre que lee la nota se queda perpleja, ha tenido engañado a todo el mundo, "¿de donde habrá salido?" siempre se pregunta, pero le queda vivir con la curiosidad.
Vuelve en si, vuelve a pensar en Borja, no sabe que hacer, le da miedo sufrir por amor, otra vez. "Aquel mes juntos, fue perfecto", siempre recuerda ese tiempo, le echa de menos.
No puede más, Susanne coge la mochila, la bici y se va. Sabe perfectamente donde ir, donde realmente estará a gusto. Ella, solo ella con sus pensamientos en un bonito lugar. Llega a una pradera que es preciosa, en esta época está repleta de margaritas, que la hacen más bonita. Al fondo, se ve el mar, nunca se ha acercado mucho, con tanta altura la caída sería mortal.
Piensa, piensa, le da vueltas a la cabeza, grita, llora, ríe. Se está volviendo loca, pero loca por él. Recuerda su sonrisa, sus besos y caricias. Una pequeña sonrisa le sale. Llora. Realmente lo está pasando mal, le quiere y no sabe que hacer. Intenta olvidarse de él, pero no puede. Se echa en la toalla que ha llevado, se pone los cascos y sigue llorando, necesita desahogarse del todo.
Pasan los días, el tiempo corre, Susanne está feliz, se miente a si misma diciéndose que se ha olvidado de él. Mira el calendario, en un par de semanas son fiestas en su barrio, se lo pasará bien, desconectará. De pronto, un mensaje le llega al móvil. Es suyo. Lo abre: "Su, se que en seguida son las fiestas de tu barrio, espero verte. Un beso."
- ¡No puede ser verdad! -grita.
¿Y ahora qué? No sabe si quiere verle, ni que decirle cuando le vea, "¿cómo voy a dar dos besos a quien antes daba de uno en uno?" piensa, pero se olvida de ello. Ya tendrá tiempo de pensarlo, ahora tiene que planificar las fiestas, espera que realmente sean memorables, su prioridad es pasarlo bien, pero en el fondo, se muere de ganas de verle.
miércoles, 22 de agosto de 2012
"El libro sin nombre", capítulo 7.
- ¿Sabes que existo? -le dice en un tono borde.
- Lo primero, a mi me hablas bien y lo segundo, ¿qué quieres?
- Teníamos pendiente una conversación, ¿quedamos hoy?
- No puedo, tengo cosas que hacer -miente- lo que quieras decir, dilo ahora.
- Su, ya sabes lo que yo siento, pero yo no se lo que tú sientes.
- Yo no siento nada, Matt. -un silencio incómodo se produce- Lo siento, pero no podemos seguir así, esto ha dejado de ser un juego, no volveremos a quedar.
Susanne le cuelga, ha dicho lo que llevaba tiempo queriendo decir, no quería escuchar ni una palabra más. El móvil vuelve a sonar, pero no contesta, lo apaga, no quiere saber nada del mundo, hoy no.
No hay nadie en su casa, todo el mundo se ha ido, su rutina es pasarse las tardes sola en casa. Entra en la habitación de su hermano, "tiene que tener su dirección en alguna parte" piensa. Abre cajones, cajas, libros, hasta que encuentra en su chaqueta un papel. Una dirección está escrita. No sabe de dónde es, pero piensa ir hasta allí.
Después de autobuses y una larga caminata, llega. Es un local, no le da buen presentimiento. Hay una casa abandonada, y justo al lado una especie de garaje, con motos aparcadas fuera. Susanne da un golpe en la puerta:
- ¿Quién eres? -Jeff ha abierto, no le gusta nada.
- Soy Susanne, la hermana de David.
- ¿Manda a su pequeña hermana arreglar sus problemas? -Le da la risa y se enfada- Pues dile que...
- Su, ven, te llevaré a casa. -Lisa sale, interrumpiendo a Jeff.
No sabe si fiarse, pero empezaba a tener miedo. Se monta en la moto con Lisa, pero esta no le lleva a casa, si no se van a un parque, lejos del local, no sabe donde están.
- ¿Por qué me traes aquí? Quiero volver a casa.
- No te asustes, se a lo que has ido al local y te contaré que ha pasado.
Se sientan en el suelo, Lisa empieza a explicarle que cuando David llegó, ella se fijó en él y eso a Jeff no le gustó, siempre quiso librarse de él, realmente estaba loco.
- Entonces, después de discutir, David cogió la moto y se fue.
- No fue un accidente, su moto estaba bien.
- Lo se.
Susanne se echa a llorar, Jeff estaba loco, había intentado matar a su hermano.
- ¡Pienso denunciarlo, además he visto todo lo que tenéis en el local montado! -Susanne grita, y sale corriendo.
Lisa se monta en su moto, no puede dejar que se vaya, ha visto demasiado con tan solo quedarse en la puerta. Susanne corre, tiene verdadero miedo. Llega al pueblo, mira atrás y no ve a Lisa, está tranquila. Sigue caminando, se dirige a casa, dobla una esquina y allí está Lisa.
- Su, por favor, no quieras meterte en problemas tú también -Le agarra del brazo- no puedes decir nada.
- ¡Habéis intentado matar a mi hermano, tú tienes la culpa de todo, eres una zorra! -Su se libra y vuelve a marcharse corriendo, Lisa había dejado de apretar.
Se queda en silencio, en el callejón, junto a su moto. Realmente ella es la culpable de que David esté así, no quería verlo de ese modo, pero es la realidad.
Lisa se va a su casa, ya lo tenía todo preparado, vive sola y no tiene que dar explicaciones a nadie, coge la maleta que guarda bajo su cama, todo el dinero que tenía guardado y sin decir nada a nadie, se va. Pasa por delante de casa de Susanne, ve que hay luz dentro, ella ya estará en casa, así que le deja una nota en el buzón y desaparece entre la oscuridad de la noche.
Susanne está en su habitación, asustada. Coge una hoja y empieza a escribir todo lo que ha visto en ese garaje. "Esos coches no eran comprados" piensa, empieza a creer lo peor de lo peor. La caja. Ha visto la caja de su hermano allí. Sigue sin saber que había dentro, pero seguramente era algo para desmontar en negocio de Jeff y los demás. "¿En qué te has metido, David?"
lunes, 20 de agosto de 2012
"El libro sin nombre", capítulo 6.
Los altavoces a todo lo que dan, no le importan los vecinos, son las 9 y nadie tiene porque quejarse. Se mete en la ducha, vive la música, baila, juega con el jabón, está contenta. Sale, se viste mientras baila, no puede evitarlo. Peinarse, arreglarse, todo lo hace en seguida, va bien de tiempo, no llegará tarde.
La hora justa, sus amigos ya están esperándola, nunca faltan los abrazos, Susanne es muy mimosa, y prefiere un abrazo a un "hola".
Después del camino y el esperar a estar todos, llegan a la discoteca, hacía tiempo que no iba a una. La música alta, las luces de colores, la misma gente de siempre, y la barra al fondo. Una especie de rutina es entrar y dirigirse a la barra, la entrada conlleva una consumición gratis y claro, "it's free" piensa.
No tardan en ponerse a bailar, suenan las canciones y se respira alegría en el ambiente, bueno, alegría y sudor, tanta gente sin parar de moverse es lo que provoca. El Dj pinchando las últimas canciones, animando a la gente, es una buena noche.
Susanne no se había fijado en la gente, pero después de un par de horas y encontrarse con unos y otros encuentra a quien estaba buscando. Al fondo, estaba allí, Borja, con sus amigos. Él la mira, y ella le sonríe, pero ambos siguen a lo suyo. Suena su canción favorita, se da la vuelta y vuelve a bailarla con sus amigas. "Necesitaba esto" piensa, necesitaba desconectar al fin y al cabo, el tema de su hermano le tenía preocupada, y necesitaba animarse.
Ya es hora de irse, se ha echo tarde, se da la vuelta pero él ya no sigue allí, debe de haberse ido.
Llega a casa, lo más silencioso posible, entra directamente en su habitación, se echa en la cama y se duerme, está cansada.
A la mañana siguiente se nota bien, realmente le ha sentado bien salir de casa. Desayuna, se prepara y se va a ver a su hermano.
Es entrar por la puerta del hospital y no gustarle nada, es un ambiente amargo, triste. Habitación 333, esa es.
Abre la puerta y se encuentra a Lisa, hablándole a David como si estuviera despierto, pidiéndole perdón. Susanne hace un ruido para que oiga que ha llegado, ella se da la vuelta, coge sus cosas y cabizbaja, sin decir nada, se va.
- Hola David -le da un beso en la frente- no me gusta Lisa, es mala, por su culpa estás aquí- y se echa a llorar.
No aguanta ver a su hermano así. Al cabo de un largo tiempo con él, hace un ruido, como si intentase hablar. Susanne llama corriendo a una enfermera. Ella le examina:
- Bien, vamos progresando.
- ¿Se despertará?
- No lo sabemos, pero parece que si, aunque no sabemos cuando.
De pronto una de las máquinas empieza a sonar, es un pitido irritante, la enfermera se exalta, otras llegan, echan a Susanne de la habitación, no oye más que ruidos, se asusta, llora.
Al cabo de unos minutos, una enfermera sale a su encuentro.
- ¿Qué le ha pasado a mi hermano?
- Ha sido un paro cardíaco, pero vuelve a estar... bien. -La enfermera no sabía que palabra utilizar, vuelve a estar despierto pero en su cuerpo dormido.- Será mejor que vueltas a casa, se ha acabalo la hora de visita.
Susanne se va, tiene miedo por su hermano, pero no quedará así. Sale del hospital y va en búsqueda de Lisa. Está muy enfadada y quiere respuestas y piensa obtenerlas sea como sea.
jueves, 16 de agosto de 2012
"El libro sin nombre", capítulo 5.
Las paredes de aquella habitación carecían de color, se respiraba un ambiente angustiado, se olía la preocupación y los pitidos de las máquinas invaden todos los silencios.
- ¿David?
Le suena esa dulce voz, es la voz de Lisa. Escucha que le llama, parece un ángel, pero realmente es un ángel que poco a poco está llevándole al infierno.
David intenta abrir los ojos, no puede, siente su cuerpo dormido aunque su mente no lo esté. Oye médicos hablando, no entiende muy bien que dicen, más bien no entiende nada, solo escucha como Lisa se va.
Un silencio se produce, no se escucha nada, a nadie, siente miedo, "¿esto es un sueño?"se dice a si mismo, intenta hablar, intenta moverse, pero no es capaz. No le gusta la situación, empieza a imaginarse lo peor y llora por dentro, ni las lágrimas consiguen escapar se ese horrible estado.
Pasa un largo rato, todo se hace eterno, se siente en tic tac de un reloj, parece que el toempo no corre, las horas no pasan. De pronto se oye a una mujer gritando, si, es ella, es su madre, preocupada, llorando, "ojalá pudiera decirle que estoy bien".
- ¿Es usted la madre del chico?
- ¿Qué le ha pasado?
- La chica que venía con él ha dicho que tuvo un accidente en una moto. -David intenta escuchar, no sabe que ha pasado- al parecer le fallaron los frenos, se ha dado un golpe en la cabeza, tenemos que hacerle un par de pruebas estos días. -"¿han fallado los frenos?, no puede ser, ayer mismo pasé la revisión", David intenta hablar, sabe que no ha sido un accidente, se asusta, Lisa le ha metido en el infierno, tiene que acabar con todo ello, si no puede acabar muy mal.
- ¿Se despertará, doctor?
- Es pronto para saberlo.
Fuera de la habitación solo se oyen llantos, los pasos de los médicos cumpliendo con su lavor. Se ven caras de preocupación, de tristeza, el hospital nunca ha sido un buen lugar.
miércoles, 15 de agosto de 2012
"El libro sin nombre", capítulo 4.
- Su, tienes visita.
Su madre aparece por la puerta de su habitación, haciendo poco ruido para no molestar a su hija.
- Me tengo que ir a trabajar cariño. -Le da un beso y se va.
- ¿No piensas dar señales de vida o qué? -Aparece Daniel por la puerta, con una caja en la mano- Ya que tú no vas a la sorpresa, la sorpresa viene a ti.
- Estoy con los últimos exámenes, por eso estoy desaparecida, pero bueno, ¿qué es?
- Ábrelo y verás.
Susanne coge la caja y despacito le va quitando el papel que la envuelve, está muy intrigada, pero no quiere darse prisa. De pronto una enorme sonrisa le sale en la cara:
- ¿Y esto? Eres el mejor Dani.
Al abrir la caja se encuentra dentro una camiseta de La Fuga, uno de sus grupos favoritos, una nota que pone "no hagas planes para el fin de semana" y un sobre con dos entradas para ir a ver el concierto que hacen en su ciudad ese mes. Se levanta y le abraza fuerte, pero no de cualquier forma, si no de su forma, es un abrazo lleno de amor, un abrazo muy especial.
- Como sabía que estabas liada con los exámenes supuse que no habías visto la noticia de que venían a tocar.
- Me había enterado hace tiempo, pero la verdad, se me había olvidado, esto es muy estresante.
- Yo tengo la solución, ¿nos vamos a relajar? -Daniel siempre tiene ideas pensadas, nunca fallan los planes.
- Por favor.
Entre los dos recogen todos los libros de encima del escritorio y se van a un parque que descubrieron hace años, muchas veces iban a comer allí, aunque últimamente no mucho, así que el plan era más que perfecto.
Después de una gran tarde con Dani y con sus demás amigos, los cuales estaban esperando en el parque, Susanne se pone los cascos en las orejas y a ritmo de su música vuelve camino a casa.
- ¿Su?
Siente que la llaman, se quita los cascos y se da la vuelta.
- No puede ser verdad, ¿Borja? ¡cuanto tiempo!
Borja es un viejo amigo suyo, al cual conoce hace casi tres años, siempre se han llevado muy bien, su relación era una amistad especial, siempre había momentos de tontear por el medio, pero nunca llegó a pasar nada. Hacía muchísimo tiempo que no se veían, Borja estaba diferente, ya era casi un hombre, realmente estaba guapo.
- ¿Qué tal te va todo enana? Nunca te veo en ninguna parte.
- Pues todo bien, estoy liada con los exámenes de fin de curso, pero a por ellos voy, ¿y tú qué tal todo?¿sigues con Alba?
- No -dice él entre risas- lo dejamos hace mucho tiempo, realmente no era como quería hacernos creer -un sielncio un poco incómodo se produce- por cierto, ¿y David, qué tal está?
- Bien, está de vacaciones en la montaña, pero bueno, ¿quieres subir a mi casa y seguimos hablando?
- Ojalá pudiese, pero tengo que irme, te acompaño hasta allí.
Susanne está encantada de haberse encontrado con Borja, tiene tantas cosas que contarle que no sabe por cual empezar, pero ese no es el mayor de las preocupaciones que tiene ella ahora mismo, si no el llevar más de veinte minutos mirándole, viendo sus ojos, su preciosa sonrisa y todo ello sin dejar de sonreír. Vuelve a sentir aquellas cosas que sentía hace tiempo, cuando todavía hablaban, él está como siempre, igual de majo, igual de risueño, igual de encantador.
- Por cierto Su, el viernes vienen un par de amigos a mi casa, deberías venir tú también, lo pasaremos bien.
Asiente con la cabeza, sonríe, no le salen las palabras, está ya haciéndose ilusiones para el gran fin de semana que espera tener, solo espera que el destino le ayude a que se cumplan sus propósitos.
sábado, 11 de agosto de 2012
"El libro sin nombre", capítulo 3.
- Me voy cielo, no me esperéis despierta.
- Si mamá, volverás tarde.
Le da un beso y se va. Le ha dejado preparadas tortitas, "mamá sabe que me encantan" piensa, y se las come, poco a poco, disfrutando de su sabor. Termina de desayunar y se acuerda de que su hermano iba a contarle hoy toda la historia de lo sucedido anoche, así que se dirige a su habitación, pero cuando abre la puerta ve que no hay nadie y sale de allí.
Pasan los minutos y Susanne se aburre, no sabe que hacer y se vuelve loca en casa, enciende el portátil y se conecta mientras ve la tele. Una nueva conversación se le abre al instante:
- No hagas planes, hoy tengo un a sorpresa para ti -lee, le gusta la idea- quedamos a las seis donde siempre.
El mensaje era de Daniel, está intrigada, no tiene ni la mínima idea de que puede ser. Las horas se hacen eternas, Susanne ya está preparada y sigue sin saber que hacer.
De repente, sin esperar a nadie, suena el timbre. Al abrir la puerta aparece una chica medianamente alta, morena, no muy blanca pero tampoco del todo bronceada, es guapa, muy risueña, tiene la sonrisa pintada en la cara. Viste un alegre vestido de flores azul, y unas sandalias a juego, es una chica interesante.
- Hola, soy Lisa, ¿está David?
- No, ahora mismo no está y no se donde se ha ido, ¿quieres que le diga que has estado aquí?
- Si, por favor. Me voy entonces, gracias.
Susanne se pregunta quien podrá ser esa chica, esa chica tan alegre que pregunta por su hermano, El Mafias, como ella se dedica a llamarlo.
Sin darse cuenta está otra vez en el salón, conecta el equipo de música y se pone a bailar, hoy realmente está contenta.
Pasa el tiempo y por fin son las seis, como es habitual Daniel se retrasa y Susanne está todavía más intrigada en su "sorpresa".
- Perdón por llegar tarde, no quería acabar con esta costumbre -Daniel se ríe mientras se acerca a Susanne que le mira con su mirada de asesina- no te enfades tonta.
- No me enfado, ¿cuál es mi sorpresa?
- Quieta, quieta, primero vamos a dar una vuelta, eso lo dejo para lo último.
Sabe perfectamente que a Susanne no le gusta que le hagan esperar en estos casos, pero lo hace con toda la buena intención del mundo, sabe que no es capaz de enfadarse con él, su amistad es algo muy bonito, es especial, es diferente al mundo. Ella sabe que lo está haciendo para intentar hacerla enfadar, es como un juego, aunque ambos saben que no será capaz, pero la idea de pasar la tarde juntos le gusta, es la mejor de sus compañías.
Después de horas andando, de risas y contándose historias, se va haciendo tarde:
- Antes de nada, tengo que contarte otra cosa, he oído cosas de David, de tu hermano, y no se está juntando a buenas compañías, tendrá problemas Su.
- ¡Lo sabía! No son buenos, se les ve... -le cuenta toda la historia de anoche- pero no se, tendrá pájaros en la cabeza.
- No son pájaros, es solo uno, una más bien, se llama Lisa.
- Hoy ha venido a casa preguntando por él, es muy guapa.
- Bueno, tampoco exagerado, pero bueno, yo te cuento. Lisa estaba saliendo con Jeff, el "jefe" del grupito de amigos de tu hermano y bueno, parece ser que cuando David empezó a salir con ellos, ella se encaprichó con él y dejo a Jeff, entonces como puedes imaginar, uno quería pegar al otro, los terceros se meten por el medio y ya sabemos como acaban esas cosas. ¿Vamos a cenar algo?
- Si.
Se van a cenar algo, está empezando a oscurecer, pero ninguno de los dos se preocupa por la hora, estando juntos están bien.
- ¿Y tú como sabes todo eso?¿y por qué querían la caja?¿qué tenía dentro?
- ¿Ni si quiera te paraste a mirar que había en la caja? -Dani empieza a reírse- ¡con lo cotilla que tú eres con tu hermano!
- Cotilla no, es solo preocuparme por él, pero con las prisas se me olvidó.
- Pues yo no te voy a decir nada, que te lo cuente él, además, ya es tarde, tengo que irme.
Susanne le da un abrazo, adora sus abrazos y cada uno se va a su casa. Por el camino recuerda que no ha tenido su sorpresa, estaba tan intrigada con toda la historia de la caja de su hermano y todo que se le había olvidado, pero cuando se da cuenta ya está en la puerta de su casa:
- ¡Que rabia, lo ha hecho a propósito!
Al entrar todas las luces están apagadas, todo está en silencio y todos están durmiendo. Entra en su habitación, se pone el pijama, no tiene sueño pero aun así decide meterse en la cama. Coge su osito de peluche y empieza a hablar con él:
- Y mañana espero saber la verdad de toda esta historia Momo, y saber cual es mi sorpresa, no se me olvidará más, no me gusta quedarme con la duda. Buenas noches Momo.
Le da un beso y se duerme, está agotada de tanto caminar.
Susanne puede ser ya mayor, tiene 18 años aunque siempre le digan que aparenta menos, pero en el fondo sigue siendo una niña pequeña, inocente, risueña, soñadora y con ganas de vivir a vida.
viernes, 10 de agosto de 2012
"El libro sin nombre", capítulo 2.
- Su, tenemos que hablar.
- Eso mismo iba a decirte yo, pero habla tú primero.
- Su, no se si túpiensas igual, pero después de todo este tiempo tengo que decirte que...
- ¿Qué? -Le interrumpe ansiosa por saber- Dilo ya.
- ...
- ¡Dilo!
- Te quiero.
Susanne se queda en blanco, no sabe que decir, no se esperaba esas palabras, era justamente lo que ella pretendía evitar ese mismo día, el llegar a ese punto. No sabe que decir, no sabe si creerle y él empieza a preocuparse.
- Di algo por lo menos, ¿no?
- Es que no se que decir Matt.
- Tú también querías hablar, dilo ahora.
- Ahora no es el mejor momento, tengo que irme, ya hablamos.
Le da un rápido beso y se va. Susanne le da vueltas a la cabeza, no se esperaba para nada eso, ahora ya no sabe que hacer.
Llega a casa, no hay nadie, como de costumbre, se preocupa por su hermano pero ve un post-it en la televisión que dice: "esta noche me voy a cenar con mis colegas, no me molestes", nunca le han gustado sus amigos, sabe que no son buena compañía aunque no los conozca, prefería a los de antes, con los que ahora a penas queda.
Mira el reloj, son las 23:00, sigue sin aparecer nadie, así que se prepara un sandwich y se pone a ver la tele.
- Asco. Asco. Ya la he visto. ¿Nunca piensan echar nada decente?
Justo cuando apaga la televisión su móvil empieza a sonar, es Matt, deja que suene y como ve que no cuelga decide contestar.
- ¿Si?
- Su, no te hagas la loca, sabes que soy yo.
- ¿Qué quieres?
- Hablar.
Un silencio incómodo se forma y Susanne decide acabar con él.
- Matt, no se que decirte, llevamos con "esto" un año, lo propusimos como un juego, el amor no entraba.
- Yo no puedo evitarlo Su.
- Hoy pretendía acabar con todo esto.
- Ah...
Siguen hablando un rato, Susanne no para quieta por casa, hasta que decide sentarse en la cama.
- ¿Entonces? -dice él.
- Ya lo hablaremos otro día.
De repente se oye el ruido de la puerta:
- Ya estoy de vuelta.
- Ha llegado mi madre, ya hablamos. -Susanne cuelga y sale al encuentro de su madre- Buenas noches mamá.
- ¿Ya has cenado?¿y David?
- Salió, a cenar con sus amigos. -Sabe que no solo ha ido a cenar, está preocupada, pero no quiere preocupar a su madre- ¿Vemos una peli?
- Claro.
Su madre prepara unas palomitas mientras ella escoge que película ver, aunque solo tengan un par de ellas en dvd. Se sientan juntas en el sofá y se tapan con una manta. Al cabo de media película las dos se quedan dormidas, Susanne despierta a su madre y se van a la cama.
Son las 3 de la mañana, el teléfono suena, Su se levanta preocupada y contesta:
- ¿Si?
- Menos mal que eres tú Su, necesito que bajes al parque, he tenido unos problemas, necesito que me bajes la caja que escondo bajo la cama.
- ¿Pero qué ha pasado?¿estás bien? -Su se altera, tiene miedo- David ¿qué pasa?
- Date prisa, tú solo tráeme la caja.
Susanne se viste corriendo, en silencio, para no despertar a su madre. Busca bajo la cama de su hermano, está llena de cosas, no encuentra la caja y se empieza a alborotar, lo revuelve todo, hasta que la encuentra. Baja corriendo al parque, y ve un grupo de chicos rodeando a otro que está en el suelo, corre más rápido, tiene miedo de que ese chico del suelo sea su hermano.
- Llegas tarde canija. -Uno de los del grupo le quita la caja de una forma muy brusca- deberías vigilar a tu hermano.
Uno de ellos, el que aparentaba ser el "jefe" del grupito escupe a David y se van. Susanne ve que han pegado a su hermano y se asusta aún más.
- ¡¿David, me oyes?!¿estás bien?
- Si, si -contesta él un poco dolido.
- Lo... lo siento, no encontraba la caja y...
- No ha sido culpa tuya Su -él le interrumpe- no le digas nada a mamá, por favor.
- No diré nada.
Ella le ayuda a levantarse y ambos se dirigen a casa, Susanne tiene miedo, pero David la tranquiliza.
- Veremos el espectáculo por la mañana. -ríe él- tendré que pensar una escusa.
- Cuéntame que ha pasado.
- Mañana.
jueves, 9 de agosto de 2012
"El libro sin nombre", capítulo 1.
- ¡Su, a desayunar!
- ¡Ya voy, mamá!
Apaga la música, se pone las zapatillas y se va a la cocina.
- Buenos días cariño, ¿has dormido bien?
Susanne no contesta, asiente con la cabeza, ya que se había llevado a la boca un trozo de las tortitas que su madre le había preparado.
- Me voy a trabajar Su, hoy volveré tarde, cuida a tu hermano. Y le da un beso justo antes de salir por la puerta. Mira el reloj, son casi las 12, pero prefiere no despertar a David, su hermano, así está más tranquila.
Enciende el ordenador y ya tiene un mensaje de su mejor amigo, Daniel, proponiéndole un plan para la tarde. Mira el calendario, se da cuenta de que ya hace un año que le conoce, es lo mejor que tiene. Sonríe. Sigue hablando con sus amigos y de repente se le abre una nueva conversación, "no, es él, me desconecto" piensa ella, pero le da pena y contesta.
Pierde la noción del tiempo, David se despierta, no está de buen humor, y sin decir apenas nada se hace un bocadillo y se va, con su moto.
Susanne se ha vuelto a quedar sola en casa, así que vuelve a poner el móvil en los altavoces, se prepara algo de comer y se viste, ha quedado con él, "no debería, piensa, pero le gusta y ha vuelto a caer en su juego una vez más, se da cuenta de que a pesar de llevar un año así, él solamente la utiliza, pero ella está enganchada, es su vicio, su punto débil y aunque quiera terminar con esto, no es capaz, es superior a ella.
- Prometo dejarlo hoy- se dice a si misma- ¡nunca más!
Y con esa seguridad sale en su búsqueda, solo que no sabe que no lo tendrá realmente fácil.
miércoles, 8 de agosto de 2012
Trafican emociones.
Aprende a sonreír, aunque quieras llorar.
domingo, 5 de agosto de 2012
Los cuentos de hadas no existen.
Después de la ducha toca desayunar, se ha acabado la leche, se te quita el hambre y decides salir a la terraza, con vistas al mar. Es increíble como las cosas cambian, era la casa perfecta, la vida perfecta y ya no queda nada de eso. Te ves, reflejado en el cristal, "ánimo, eres joven" piensas, pero en realidad solo quieres gritar.
miércoles, 1 de agosto de 2012
Comer, té, amor, discos.
Desde el momento en que nacemos, hasta el último de nuestros días, la vida está preparada para sorprendernos cada vez más. Desde pequeños nos enseñan a soñar, a luchar por lo que realmente queremos y a disfrutar de lo poco que tenemos. Vamos creciendo, seguimos soñando, vamos pensando en nuestros objetivos, establecemos unas rutas para conseguir llegar a ellos y teniendo a nuestro lado el apoyo y consejo de los familiares y la ayuda de nuestros amigos. La vida no es un juego, ni es todo de color de rosa. No todos los momentos son de risa y ni todas las experiencias son capaces de derrotarnos del todo.
Lo importante en esta vida no es soñar, es vivir hasta alcanzar nuestro mayor sueño, el de ser feliz. Y, ¿qué es la verdadera felicidad? Todos queremos un buen trabajo, una buena casa, una buena vida y una gran familia que esté detrás de todo esto, pero no, lo realmente importante, y lo que realmente nos hará felices, será tener a nuestro lado, a la persona a la que realmente quierremos y nos quiera, hasta el final de nuestros días en esta vida.