- ¿Si?
- Buenos días, llamábamos del Hospital Santa Teresa, quería hablar con Clara Morrison.
- Si, soy yo, ¿qué quería?
- Tenemos buenas noticias, su hijo a despertado.
En casa se respira felicidad, David por fin ha vuelto. Nunca preguntó por Lisa, nunca más volvió a sacar el tema de aquel día.
Era una tarde gris, pero todos estaban felices, eran las fiestas del pueblo. Susanne se estaba preparando, en unas horas sus amigos llegarían y ella no hace más que pensar en la noche, en la buena noche, porque sabe que lo pasarán bien. De pronto, una canción empieza a sonar en la radio, "esa canción, nuestra canción" piensa, y entonces recuerda a Borja, recuerda que le dijo que vendría a las fiestas, pero no quiere pararse a pensar en ello, será una buena noche con sus amigos.
*Ding, dong* Suena el timbre de casa, Susanne abre sin preguntar, sabe quien es. Por la puerta aparecen Dani, Irene, Hugo y Louis, que suben a buscarla. Coge sus cosas, le da un beso a su madre y se van. Cuando bajan a la calle ve que están allí el resto de sus amigos, y juntos se van a buscar un lugar donde cenar. Todo son risas, chistes, abrazos, besos, están contentos y están pasándolo bien.
Anochece, el pueblo está lleno de gente, la música de la orquesta suena, todo el mundo está en el parque, entonces algunos deciden ir por su cuenta, a buscar a conocidos, pasear o simplemente a ver el ambiente. Susanne y Louis se van a buscar a una amiga suya. Pasan un buen rato con ella y sus amigas. Todo estaba muy bien, hasta que el móvil de Susanne suena. Lo mira. Es un mensaje de Borja.
- Louis, ¡es Borja!
- ¿Y qué te dice?
- Quiere que nos veamos. ¡Vamos!
Se ponen en camino hacia donde Borja está, Su está muy nerviosa, tiene muchísimas ganas de verlo, pero no sabe como actuar.
- ¡Louis! -una chica le saluda por las espaldas- ¿qué tal?
Se paran a hablar, Susanne sigue nerviosa y le mete prisa a Louis. Pasan casi 10 minutos y por fin se despiden. Siguen su camino, no se da cuenta, pero cada vez camina más rápido.
Está llegando, le ve a lo lejos, entonces empieza a sentirse mal, está nerviosa y siente cosas en el estómago, pero le echa la culpa a los nervios.
- Hola.
- Hola. -se dan dos besos. Es una sensación muy rara, claro que darle dos besos, a quien antes le dabas de uno en uno, no es fácil. Tampoco es fácil llevar una conversación, es una experiencia realmente rara.
- ¿Y cómo te va todo?
- Bien, mi hermano ya está en casa. Era lo único que nos angustiaba.
Siguen hablando un rato, hasta que llega el momento que ya no sabes que preguntar para seguir una conversación y Susanne decide acabar con la "visita".
- Bueno, pues nos vamos a seguir dando una vuelta. Adiós.
- Adiós.
Vuelven a darse dos besos, dos besos con ganas de más, con ganas de recordar.
Pasa la noche, y el móvil vuelve a sonar, otro mensaje de Borja, dice que se va, pero lo que realmente le llama la atención a Susanne es la última palabra del mensaje. "Te quiero", lo lee, lo relee, no se lo cree, se nota impotente, le echa de menos, pero no quiere volver a sufrir y decide contestar de forma seca, acabando con un simple "adiós".
Susanne empieza a no sentirse bien, el alcohol en el cuerpo, la angustia de Borja y todo la tienen liada, pero eso no impide que siga pasándoselo bien, hasta que llega el momento en el que pierde de vista a sus amigos. Les busca por todos lados, no les encuentra, nadie les ha visto, el teléfono no funciona. Se rinde, así que se vuelve a casa. Llega en silencio, son las cinco de la mañana, se pone el pijama y se echa en la cama. No tiene sueño, así que abre el Twitter, y habla con las pocas personas que hay.
De pronto otro mensaje llega, es de Borja. "Su, tengo que hablar contigo".