"Tú pon el ocho que yo me encargo de tumbarlo". Era el título de una nueva entrada en su blog. Susanne se estaba volviendo loca, necesitaba desahogarse. "Después del tiempo sin saber de su vida, ha vuelto a aparecer. Está increíble. Puedo decir que me he enamorado, si, lo he hecho, pero esta vez es diferente, esta vez es de verdad".
No puede seguir escribiendo, se está volviendo loca, necesita gritarle al mundo. Llora, llora de impotencia, no sabe lo que él siente, es todo muy extraño, pero le quiere, si, realmente le quiere. Se pone los cascos, todas las canciones le hacen pensar en él, su nombre ronda por su cabeza. Borja. No quería verlo, pero tampoco podía evitarlo.
Han pasado unos meses después de todo lo ocurrido, después de aquella tarde con Lisa, no sabe si ha hecho bien, pero no ha conseguido contarle nada a nadie, solo a David, pero porque él sabe que de momento, no podrá contarlo. Revuelve toda su habitación, busca sin parar la nota que le había dejado Lisa en el buzón:
"Susanne, se que lo de tu hermano ha sido culpa mía, no tendría que haberme encaprichado con él, pero muchísimas cosas no deberían de haber sucedido. Me voy Su, me voy lejos, al lugar donde realmente pertenezco. Por favor, cuando David se despierte dile que le echaré de menos, pero que esto es realmente lo que se merece y si, estoy segura de que despertará, uno de los médicos es amigo y me ha dicho que va progresando.
No me busquéis, habré desaparecido cuando hayas leído esto, porque en realidad, tampoco me llamo Lisa, no puedo decirte más Su, hasta siempre."
Siempre que lee la nota se queda perpleja, ha tenido engañado a todo el mundo, "¿de donde habrá salido?" siempre se pregunta, pero le queda vivir con la curiosidad.
Vuelve en si, vuelve a pensar en Borja, no sabe que hacer, le da miedo sufrir por amor, otra vez. "Aquel mes juntos, fue perfecto", siempre recuerda ese tiempo, le echa de menos.
No puede más, Susanne coge la mochila, la bici y se va. Sabe perfectamente donde ir, donde realmente estará a gusto. Ella, solo ella con sus pensamientos en un bonito lugar. Llega a una pradera que es preciosa, en esta época está repleta de margaritas, que la hacen más bonita. Al fondo, se ve el mar, nunca se ha acercado mucho, con tanta altura la caída sería mortal.
Piensa, piensa, le da vueltas a la cabeza, grita, llora, ríe. Se está volviendo loca, pero loca por él. Recuerda su sonrisa, sus besos y caricias. Una pequeña sonrisa le sale. Llora. Realmente lo está pasando mal, le quiere y no sabe que hacer. Intenta olvidarse de él, pero no puede. Se echa en la toalla que ha llevado, se pone los cascos y sigue llorando, necesita desahogarse del todo.
Pasan los días, el tiempo corre, Susanne está feliz, se miente a si misma diciéndose que se ha olvidado de él. Mira el calendario, en un par de semanas son fiestas en su barrio, se lo pasará bien, desconectará. De pronto, un mensaje le llega al móvil. Es suyo. Lo abre: "Su, se que en seguida son las fiestas de tu barrio, espero verte. Un beso."
- ¡No puede ser verdad! -grita.
¿Y ahora qué? No sabe si quiere verle, ni que decirle cuando le vea, "¿cómo voy a dar dos besos a quien antes daba de uno en uno?" piensa, pero se olvida de ello. Ya tendrá tiempo de pensarlo, ahora tiene que planificar las fiestas, espera que realmente sean memorables, su prioridad es pasarlo bien, pero en el fondo, se muere de ganas de verle.