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sábado, 11 de agosto de 2012

"El libro sin nombre", capítulo 3.

Amanece un nuevo día, un buen día. Susanne se levanta de la cama de un salto, hoy realmente se siente bien. Se ducha, se peina y se viste, no tiene planes pero le interesa hacer algo, no quiere quedarse en casa pensando en sus miles de cosas, pensando en lo que pasa con Matt. Va a la cocina, pilla a su madre justo antes de marcharse:
- Me voy cielo, no me esperéis despierta.
- Si mamá, volverás tarde.
Le da un beso y se va. Le ha dejado preparadas tortitas, "mamá sabe que me encantan" piensa, y se las come, poco a poco, disfrutando de su sabor. Termina de desayunar y se acuerda de que su hermano iba a contarle hoy toda la historia de lo sucedido anoche, así que se dirige a su habitación, pero cuando abre la puerta ve que no hay nadie y sale de allí.
Pasan los minutos y Susanne se aburre, no sabe que hacer y se vuelve loca en casa, enciende el portátil y se conecta mientras ve la tele. Una nueva conversación se le abre al instante:
- No hagas planes, hoy tengo un a sorpresa para ti -lee, le gusta la idea- quedamos a las seis donde siempre.
El mensaje era de Daniel, está intrigada, no tiene ni la mínima idea de que puede ser. Las horas se hacen eternas, Susanne ya está preparada y sigue sin saber que hacer.
De repente, sin esperar a nadie, suena el timbre. Al abrir la puerta aparece una chica medianamente alta, morena, no muy blanca pero tampoco del todo bronceada, es guapa, muy risueña, tiene la sonrisa pintada en la cara. Viste un alegre vestido de flores azul, y unas sandalias a juego, es una chica interesante.
- Hola, soy Lisa, ¿está David?
- No, ahora mismo no está y no se donde se ha ido, ¿quieres que le diga que has estado aquí?
- Si, por favor. Me voy entonces, gracias.
Susanne se pregunta quien podrá ser esa chica, esa chica tan alegre que pregunta por su hermano, El Mafias, como ella se dedica a llamarlo.
Sin darse cuenta está otra vez en el salón, conecta el equipo de música y se pone a bailar, hoy realmente está contenta.
Pasa el tiempo y por fin son las seis, como es habitual Daniel se retrasa y Susanne está todavía más intrigada en su "sorpresa".
- Perdón por llegar tarde, no quería acabar con esta costumbre -Daniel se ríe mientras se acerca a Susanne que le mira con su mirada de asesina- no te enfades tonta.
- No me enfado, ¿cuál es mi sorpresa?
- Quieta, quieta, primero vamos a dar una vuelta, eso lo dejo para lo último.
Sabe perfectamente que a Susanne no le gusta que le hagan esperar en estos casos, pero lo hace con toda la buena intención del mundo, sabe que no es capaz de enfadarse con él, su amistad es algo muy bonito, es especial, es diferente al mundo. Ella sabe que lo está haciendo para intentar hacerla enfadar, es como un juego, aunque ambos saben que no será capaz, pero la idea de pasar la tarde juntos le gusta, es la mejor de sus compañías.
Después de horas andando, de risas y contándose historias, se va haciendo tarde:
- Antes de nada, tengo que contarte otra cosa, he oído cosas de David, de tu hermano, y no se está juntando a buenas compañías, tendrá problemas Su.
- ¡Lo sabía! No son buenos, se les ve... -le cuenta toda la historia de anoche- pero no se, tendrá pájaros en la cabeza.
- No son pájaros, es solo uno, una más bien, se llama Lisa.
- Hoy ha venido a casa preguntando por él, es muy guapa.
- Bueno, tampoco exagerado, pero bueno, yo te cuento. Lisa estaba saliendo con Jeff, el "jefe" del grupito de amigos de tu hermano y bueno, parece ser que cuando David empezó a salir con ellos, ella se encaprichó con él y dejo a Jeff, entonces como puedes imaginar, uno quería pegar al otro, los terceros se meten por el medio y ya sabemos como acaban esas cosas. ¿Vamos a cenar algo?
- Si.
Se van a cenar algo, está empezando a oscurecer, pero ninguno de los dos se preocupa por la hora, estando juntos están bien.
- ¿Y tú como sabes todo eso?¿y por qué querían la caja?¿qué tenía dentro?
- ¿Ni si quiera te paraste a mirar que había en la caja? -Dani empieza a reírse- ¡con lo cotilla que tú eres con tu hermano!
- Cotilla no, es solo preocuparme por él, pero con las prisas se me olvidó.
- Pues yo no te voy a decir nada, que te lo cuente él, además, ya es tarde, tengo que irme.
Susanne le da un abrazo, adora sus abrazos y cada uno se va a su casa. Por el camino recuerda que no ha tenido su sorpresa, estaba tan intrigada con toda la historia de la caja de su hermano y todo que se le había olvidado, pero cuando se da cuenta ya está en la puerta de su casa:
- ¡Que rabia, lo ha hecho a propósito!
Al entrar todas las luces están apagadas, todo está en silencio y todos están durmiendo. Entra en su habitación, se pone el pijama, no tiene sueño pero aun así decide meterse en la cama. Coge su osito de peluche y empieza a hablar con él:
- Y mañana espero saber la verdad de toda esta historia Momo, y saber cual es mi sorpresa, no se me olvidará más, no me gusta quedarme con la duda. Buenas noches Momo.
Le da un beso y se duerme, está agotada de tanto caminar.

Susanne puede ser ya mayor, tiene 18 años aunque siempre le digan que aparenta menos, pero en el fondo sigue siendo una niña pequeña, inocente, risueña, soñadora y con ganas de vivir a vida.