Los días pasaban y no todos eran realmente perfectos, Susanne estaba muy liada con los exámenes de fin de curso y no tenía tiempo para otra cosa. Su hermano se había ido de vacaciones a la montaña unos días, a ella le gustaría haberse ido a despejar, pero tiene que estudiar, se juega mucho en esos exámenes.
- Su, tienes visita.
Su madre aparece por la puerta de su habitación, haciendo poco ruido para no molestar a su hija.
- Me tengo que ir a trabajar cariño. -Le da un beso y se va.
- ¿No piensas dar señales de vida o qué? -Aparece Daniel por la puerta, con una caja en la mano- Ya que tú no vas a la sorpresa, la sorpresa viene a ti.
- Estoy con los últimos exámenes, por eso estoy desaparecida, pero bueno, ¿qué es?
- Ábrelo y verás.
Susanne coge la caja y despacito le va quitando el papel que la envuelve, está muy intrigada, pero no quiere darse prisa. De pronto una enorme sonrisa le sale en la cara:
- ¿Y esto? Eres el mejor Dani.
Al abrir la caja se encuentra dentro una camiseta de La Fuga, uno de sus grupos favoritos, una nota que pone "no hagas planes para el fin de semana" y un sobre con dos entradas para ir a ver el concierto que hacen en su ciudad ese mes. Se levanta y le abraza fuerte, pero no de cualquier forma, si no de su forma, es un abrazo lleno de amor, un abrazo muy especial.
- Como sabía que estabas liada con los exámenes supuse que no habías visto la noticia de que venían a tocar.
- Me había enterado hace tiempo, pero la verdad, se me había olvidado, esto es muy estresante.
- Yo tengo la solución, ¿nos vamos a relajar? -Daniel siempre tiene ideas pensadas, nunca fallan los planes.
- Por favor.
Entre los dos recogen todos los libros de encima del escritorio y se van a un parque que descubrieron hace años, muchas veces iban a comer allí, aunque últimamente no mucho, así que el plan era más que perfecto.
Después de una gran tarde con Dani y con sus demás amigos, los cuales estaban esperando en el parque, Susanne se pone los cascos en las orejas y a ritmo de su música vuelve camino a casa.
- ¿Su?
Siente que la llaman, se quita los cascos y se da la vuelta.
- No puede ser verdad, ¿Borja? ¡cuanto tiempo!
Borja es un viejo amigo suyo, al cual conoce hace casi tres años, siempre se han llevado muy bien, su relación era una amistad especial, siempre había momentos de tontear por el medio, pero nunca llegó a pasar nada. Hacía muchísimo tiempo que no se veían, Borja estaba diferente, ya era casi un hombre, realmente estaba guapo.
- ¿Qué tal te va todo enana? Nunca te veo en ninguna parte.
- Pues todo bien, estoy liada con los exámenes de fin de curso, pero a por ellos voy, ¿y tú qué tal todo?¿sigues con Alba?
- No -dice él entre risas- lo dejamos hace mucho tiempo, realmente no era como quería hacernos creer -un sielncio un poco incómodo se produce- por cierto, ¿y David, qué tal está?
- Bien, está de vacaciones en la montaña, pero bueno, ¿quieres subir a mi casa y seguimos hablando?
- Ojalá pudiese, pero tengo que irme, te acompaño hasta allí.
Susanne está encantada de haberse encontrado con Borja, tiene tantas cosas que contarle que no sabe por cual empezar, pero ese no es el mayor de las preocupaciones que tiene ella ahora mismo, si no el llevar más de veinte minutos mirándole, viendo sus ojos, su preciosa sonrisa y todo ello sin dejar de sonreír. Vuelve a sentir aquellas cosas que sentía hace tiempo, cuando todavía hablaban, él está como siempre, igual de majo, igual de risueño, igual de encantador.
- Por cierto Su, el viernes vienen un par de amigos a mi casa, deberías venir tú también, lo pasaremos bien.
Asiente con la cabeza, sonríe, no le salen las palabras, está ya haciéndose ilusiones para el gran fin de semana que espera tener, solo espera que el destino le ayude a que se cumplan sus propósitos.