jueves, 12 de abril de 2012
No todo es alegría.
Hay momentos en la vida en los que la cabeza empieza a dar vueltas y no para, en que empiezas a pensar realmente sobre todo lo que sucede. Te inundan las dudas, no sabes porqué tu humor cambia, te sientes sola, pero te das cuenta de que estás rodeada de grandes personas. Es difícil pasar las cosas cuando hasta tu madre te pregunta, y no sabes exactamente que contestarle. Las lágrimas recorren tu cara, no se cansan, echan carreras de dos en dos, no se dan por vencidas. Paran, tu mente no se está quieta, es un momento difícil, ves que tus estudios van mal, que no puedes con ellos, no quieres rendirte, porque por fin tendrás ahí la meta que tanto tiempo has querido alcanzar, pero te quedas sin fuerzas... Ves que tu salud no está como realmente debería estar, arrastras cosas desde la infancia y ahora están pasando factura y eso, desanima... No encuentras el amor que tanto buscas, tantos tropezones, tantas caídas, tantos errores y tantas desilusiones te están impidiendo levantarte, esta vez te cuesta, mucho más y sientes que te atrapan en callejones sin salida... Pero piensas, llegas al factor que más importa, tienes unos grandes amigos, amigos de verdad, gente que te quiere y nunca te dejará sola, tienes una familia sólida, que te cuida, tienes una madre perfecta que te cuida como el primer día y te cuidará hasta el último de sus suspiros. Y vuelta a empezar, empiezas a ver el mundo gris, el sol no brilla tanto y te paras a pensar, a pensar como sería tu vida sin esos amigos, sin esos seres queridos, en como será tu futuro, y no estás moralmente para ello, no ves logradas tus metas, te desmotivas, te inundas y la pena vuelve a apoderarse de ti. Un sollozo, dos, tres y vuelta a empezar, te sientes en un círculo del que quisieras escapar, pero no encuentras la salida y te vuelves a desmoralizar.
