Estoy impaciente a que venga otra vez, a que vuelva a mirarme con sus preciosos ojos azules, a que me sonría, con su sonrisa tan perfecta como el resto de él mismo, que los rayos del sol iluminen su corto pero precioso pelo rubio, que vuelva a abrazarme como el primer día, que vuelva a besarme del modo que ambos sabemos.
No me arrepentiré jamás de ese:
-Hola
+Hola, ¿qué tal?
Y los dos besos que siguieron esa corta conversación, pero que fue la que dio paso a las demás palabras, a los demás hechos.